Ruidos en la ciudad ¿Hay alguna solución?

La Organización Mundial de la Salud ha determinado que el sonido límite de contaminación  acústica a la que un humano puede estar sometido normalmente no debe sobrepasar los 65 decibeles. Sin embargo, en la mayoría de las ciudades grandes tienen niveles que superan el límite establecido, producto de la gran cantidad de habitantes, vehículos de lujo, trabajos de reparación vial o construcciones que inevitablemente producen sonidos constantemente, los que se combinan y afectan la calidad de vida de las personas, siendo tan nocivo que puede llegar a producir efectos psicológicos negativos en una persona, como estrés, depresión, ansiedad, etcétera.

Profundizando esto, podemos decir que el efecto del ruido es similar al efecto del miedo y la tensión en el ser humano: las pulsaciones aumentan, el ritmo respiratorio se vuelve más profundo, los músculos se tensan, aumenta también la presión arterial, entre otros. Estos efectos no son permanentes, pues  desparecen junto con el cese del ruido, pero con un sometimiento constante y diario a ellos, pueden crearse estados de nerviosismo asociados y si bien no hay constancia de que puedan afectar a la salud mental, puede llegar a ser una causa. Las células ciliadas que forman parte del órgano de Corti en el oído no se regeneran, por lo que la pérdida de audición inducida por la contaminación acústica es irreversible. La sordera suele aparecer en casos de soportar de forma continuada niveles superiores a 90 dB. Además, el ruido puede causar efectos sobre el sistema cardiovascular, con alteraciones del ritmo cardíaco, riesgo coronario, hipertensión arterial y excitabilidad vascular por efectos de carácter neurovegetativo. Sobre las glándulas endocrinas, aumento de la secreción de adrenalina. En el aparato digestivo puede generar un incremento de la gastritis y otras relacionadas con el duodeno por dificultar el descanso. En general puede ser negativo para muchas afecciones, al incrementar el estrés (que se puede tratar con Flores de Bach), provocar el aumento de la posibilidad de sufrir alteraciones mentales o tendencias a actitudes agresivas, dificultades de rendimiento y por lo mismo facilitar los accidentes.

El sueño, la atención y la percepción del lenguaje hablado son las actividades más perjudicadas. El sueño se altera a partir de 45 dB (autos pasando constantemente por la calle, en el día, producen este nivel de decibelios). Y quien sufre de sueño ligero o insomnio sentirá cansancio, bajará su rendimiento académico o profesional o y tendrá bruscos cambios de humor. Por ello es tan importante que durante las horas de descanso nocturno disfrutemos de ese silencio que evita las interrupciones del sueño.

La contaminación acústica afecta al ser humano como hemos visto, pero así también, esta contaminación es dañina incluso para el medioambiente, pues los animales y plantas también están expuestos a ella. Se ha comprobado que puede llegar a cambiar los esquemas alimenticios, de comportamiento y hasta la migración de algunas especies. De manera aún más imperceptible, la contaminación acústica ha modificado o incluso impedido la actividad normal de algunos seres vivos responsables de la polinización o y dispersión de las semillas de plantas y árboles.

Aproximadamente, el 80% del nivel de ruidos es debido al tránsito de vehículos. El parque automotor de Chile (más de 4 millones de vehículos) genera continuamente un ruido especialmente intenso, ya que sólo con el roce de neumáticos con la calzada se producen sonidos que, acumulados, resultan contaminantes. El aumento de automóviles, motocicletas y camiones que circulan diariamente en las calles son los responsables de que cada vez exista un mayor nivel de decibeles a los que se deba estar sometido, sobre todo en Santiago, donde se acumula el 45% de estos vehículos.

A nivel mundial, el país líder en contaminación acústica es Japón; en Latinoamérica, está México y en nuestro país la Región Metropolitana, cuyas comunas con mayor nivel de contaminación sonora son Santiago Centro, Quinta Normal y Lo Espejo, situando a las Condes como la más silenciosa.