Las protestas en Irán han cobrado una magnitud sin precedentes, cumpliendo ya su décimo día de movilizaciones que comenzaron con reivindicaciones económicas y han evolucionado hacia exigencias de abolición de la República Islámica. En distintas ciudades del país, ha emergido un descontento generalizado que recuerda a las movilizaciones del movimiento ‘Mujer, Vida y Libertad’ en 2022. Este martes, miles de iraníes, incluyendo comerciantes del Gran Bazar de Teherán, se unieron para expresar su descontento con el régimen, cerrando sus negocios y gritando consignas en favor de la restauración de la monarquía Pahlaví, derrocada en 1979. Videos de activistas en redes sociales han documentado la continuidad de las protestas, incluso frente a la represión ejercida por las fuerzas de seguridad, que han respondido con gas lacrimógeno y disparos en algunas localidades como Lahijan y Shahrekord.
Según análisis de expertos como el politólogo Abbas Abdi, la insatisfacción con la República Islámica es palpable y está en curso un proceso político que hace cambiar la dinámica de las movilizaciones. A diferencia de las protestas de 2022, que se desataron tras el asesinato de la joven Mahsa Amini, las actuales manifestaciones han sido vistas como insinuaciones que ya se esperaban por la aguda crisis económica. Abdi destaca que estas movilizaciones ya no se centran únicamente en temas económicos, sino que rápidamente han tomado un rumbo hacia un cuestionamiento más profundo del sistema político establecido en el país.
El contexto económico que ha generado estas protestas no puede ser subestimado. La crisis del rial se ha intensificado, alcanzando un mínimo histórico de 1.470.000 riales por dólar. La caída del valor de la moneda, cuya depreciación ha sido del 20,29 por ciento respecto al mes pasado y del 81 por ciento comparado con el año anterior, ha intensificado la frustración entre la población. Se estima que hasta ahora, al menos 29 personas han perdido la vida en el contexto de las manifestaciones. Las cifras de detenidos también son alarmantes, alcanzando a 1.203 detenidos según informes de la ONG HRANA, mientras que medios iraníes han informado que varios miembros de las fuerzas de seguridad han resultado heridos en los enfrentamientos.
La respuesta del gobierno iraní ha sido de mano dura, acusando constantemente a potencias extranjeras como Estados Unidos e Israel de instigar la violencia en las protestas. El Consejo de Defensa de Irán ha emitido declaraciones advirtiendo sobre posibles consecuencias para cualquier intrusión exterior, enfatizando que la seguridad e independencia del país son ‘líneas rojas’. A pesar de estas advertencias, figuras como el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, han expresado su apoyo al pueblo iraní y a sus aspiraciones democráticas, lo que ha sido utilizado por Teherán como evidencia de interferencia en sus asuntos internos.
A pesar de la represión, la experiencia y observaciones de expertos como Abbas Abdi indican que el descontento social en Irán es profundo y que probablemente las manifestaciones no se detendrán a corto plazo. Abdi señala que la naturaleza de las protestas se reconfigura a cada momento, y aunque puede haber periodos de calma, es predecible que resurjan con el tiempo. A la crisis económica se cierne una serie de problemáticas adicionales, incluyendo la crisis energética, escasez de agua y altos niveles de contaminación del aire, que acentúan aún más las dificultades que enfrentan los ciudadanos iraníes a diario, alimentando el ciclo de protestas y reclamos por un cambio de sistema.






