En la actualidad, el fenómeno del orbiting ha cobrado fuerza, convirtiéndose en un tema recurrente de discusiones en redes sociales. Este término describe una situación en la que una persona interrumpe la comunicación directa pero mantiene una presencia en el entorno digital del otro. Así, uno puede sentirse atrapado entre el deseo de avanzar y la constante interacción a través de «me gusta» y comentarios que parecen indicar una conexión persistente. La confusión que genera esta dinámica es similar a la que provoca el ghosting, aunque los efectos de ambas prácticas son muy diferentes.
Identificar el orbiting puede resultar complicado. Aunque no es un fenómeno nuevo, ha sido apodado como un hermano del ghosting. En el ghosting, la persona desaparece por completo; en cambio, el orbiting es más insidioso, dado que el orbitador permanece en las redes, mostrando interés superficial pero sin hacer ningún esfuerzo por reestablecer una conexión significativa. Esto puede incluir mirar todas las publicaciones del orbitado, dar ‘me gusta’ a sus fotos y comentar de forma esporádica. Tal comportamiento puede llevar a quienes lo sufren a la confusión y la incertidumbre, haciendo que se pregunten constantemente sobre las verdaderas intenciones del otro.
Entender por qué alguien elige el orbiting en lugar de cerrar una relación de forma definitiva es crucial. La psicóloga Carla Pérez sugiere que detrás de esta conducta pueden estar la inmadurez emocional y el miedo al cierre. Mantener una interacción mínima permite al orbitador evitar el dolor de despegarse completamente, al mismo tiempo que mantiene una especie de control sobre la otra persona. Este ambivalent actitud puede ser un reflejo de la inseguridad y la carga emocional, dejando a la persona que sufre el orbiting en un estado de vulnerabilidad.
Las consecuencias del orbiting pueden ser devastadoras para el bienestar emocional de quien lo padece. Este comportamiento puede conducir a la confusión, ansiedad y la necesidad insaciable de interpretar las interacciones digitales como un posible indicio de interés romántico. Sentimientos negativos como la tristeza y la frustración son comunes en estos casos. Las expectativas que se crean en torno a una interacción fugaz pueden prolongar el proceso de cierre, haciéndolo más doloroso y complicado.
Para mitigar el impacto del orbiting, es aconsejable adoptar ciertas estrategias que prioricen el bienestar emocional. Es fundamental hablar con amigos o familiares sobre la situación, ya que contar con una red de apoyo puede ofrecer claridad y consuelo. Practicar el autocuidado, establecer límites claros, así como considerar la opción de desactivar temporariamente las redes sociales, son medidas vitales que pueden ayudar a recuperar el control emocional. Al final, recordar que el valor propio no debe depender de las interacciones digitales y que establecer límites saludables es un signo de autocuidado puede proporcionar la paz y el cierre que tanto se necesita.






