Más allá de su relevancia para el sistema eléctrico, el proyecto Tineo-Nueva Ancud incorpora acciones concretas de recuperación ambiental. Entre ellas, un plan de reforestación en zonas de alto valor ecológico que busca aportar a la restauración del bosque nativo en el sur de Chile.
Los grandes proyectos de infraestructura suelen poner el foco en su impacto físico como trazados, obras y construcción. Sin embargo, en paralelo a estas iniciativas, también se desarrollan acciones orientadas a abordar su dimensión ambiental.
En el caso del proyecto Tineo-Nueva Ancud, una de esas líneas de trabajo es la reforestación en sectores de alto valor ecológico, particularmente en el entorno de Ancud, una de las zonas por donde pasará el proyecto.
Este tipo de iniciativas buscan recuperar bosque nativo incorporando además la participación de actores locales.
Reforestar en un entorno de alto valor ecológico
El área donde se desarrolla esta iniciativa no es un territorio cualquiera. Entornos de comunidades en Ancud han sido identificados como un sitio prioritario para la conservación, debido a su biodiversidad y a la presencia de ecosistemas relevantes.
En este contexto, impulsar un proceso de reforestación implica más que plantar árboles. Supone trabajar con especies nativas, respetar las condiciones del suelo, considerar la dinámica del ecosistema y asegurar que la intervención sea compatible con el entorno.
Esto convierte la reforestación en una acción que requiere planificación, conocimiento local y seguimiento en el tiempo.
En el caso del proyecto Tineo-Nueva Ancud, una de sus medidas ambientales contempla la restauración de aproximadamente 2,2 hectáreas de bosque nativo en la zona, iniciativa que comenzó a materializarse a mediados de 2025 y que hoy se desarrolla con participación directa de actores locales.
Una reforestación que se construye desde el territorio
El trabajo de Transelec en la zona se lleva a cabo junto a viveristas locales.
Este enfoque permite entender la reforestación más allá de una acción externa, sino como una iniciativa que se construye desde lo local.
El proceso comienza mucho antes de la plantación. El trabajo como viveristas de los miembros de la comunidad incluye la recolección de plántulas, la propagación a través de semillas y la mantención de las especies, considerando riego, control de maleza y seguimiento permanente.
A medida que las plantas crecen y alcanzan entre 30 y 50 centímetros de altura, se consideran aptas para su traslado y posterior reforestación.
Este proceso requiere organización, planificación y constancia. La comunidad participa en el ordenamiento, conteo, seguimiento y replante de las especies, asegurando que cada etapa avance de forma adecuada según informan desde Transelec.
Una iniciativa que se proyecta en el tiempo
Los trabajos y primeras plantaciones se llevaron a cabo a mediados de 2025 y de acuerdo con lo proyectado, este proceso se extenderá por aproximadamente cinco años, con el objetivo de alcanzar una tasa de supervivencia cercana al 70% de las especies plantadas.
Por ello, esta iniciativa mira a largo plazo ya que implica seguimiento, cuidado y adaptación en el tiempo, especialmente en estos entornos de alto valor ecológico, que convivirán permanentemente con el proyecto Tineo-Nueva Ancud.
Además, el desarrollo de esta iniciativa cuenta con la supervisión de la Fundación Núcleo Nativo, que aporta acompañamiento técnico al proceso, asegurando que las prácticas de propagación, selección de especies y manejo sean acordes al entorno.
Este tipo de articulación permite combinar el conocimiento técnico con la experiencia local, fortaleciendo el alcance de la iniciativa y su proyección en el tiempo.
El proyecto Tineo-Nueva Ancud incorpora distintas medidas ambientales y esta iniciativa de reforestación es una de las más tangibles.
Y es que la reforestación, además de recuperar bosque nativo, también genera aprendizaje y fortalece capacidades en las comunidades.
En ese sentido, el proyecto permite avanzar hacia una lógica donde la restauración ambiental se vincula con el desarrollo local, integrando a las personas en el proceso y no solo como observadores.


