Desde la organización militar persa, se ha confirmado que los ataques recientes a instalaciones estadounidenses fueron llevados a cabo por las fuerzas navales y aéreas de Irán, utilizando misiles y drones. Estos ataques se centraron principalmente en bases estratégicas ubicadas en Baréin y Kuwait, como parte de una escalada significativa de tensiones en la región del Golfo Pérsico. La Guardia Revolucionaria Iraní reivindicó la ejecución de 85 ataques contra las bases estadounidenses, pocos horas después de que Estados Unidos lanzara su propia ofensiva, en respuesta a supuestos ataques iraníes a embarcaciones en la crucial ruta marítima del estrecho de Ormuz.
Según la agencia estatal IRNA, el aparente objetivo de estos ataques era destruir lo que se calificaron como «importantes instalaciones militares estadounidenses». A pesar de la magnitud de la ofensiva, hasta el momento no se ha dado a conocer un balance oficial de daños. El ejército iraní alega que la acción constituyó una «respuesta inicial» a lo que describen como una «violación clara» del acuerdo de alto el fuego pactado con Estados Unidos hace tres semanas. Este incremento en las hostilidades destaca la creciente inestabilidad en una región que ya es un punto álgido de conflictos internacionales.
Las autoridades kuwaitíes confirmaron que se interceptaron varios misiles en su espacio aéreo y reportaron explosiones en diferentes localizaciones, aunque no se proporcionaron detalles específicos sobre los lugares impactados. Por su parte, el Ministerio del Interior de Baréin instó a la población a mantener la calma y dirigirse a refugios tras la activación de las sirenas de emergencia, lo que indica un alto estado de alerta en respuesta a los ataques.
En medio de esta crisis, el gobierno iraní ha denunciado que la ofensiva estadounidense, que tuvo lugar en la madrugada, dejó heridos en el sur de Irán. Según la Guardia Revolucionaria, estos enfrentamientos se produjeron en el contexto del cortejo fúnebre del difunto líder supremo Alí Jameneí, señalado por Teherán como un intento de Washington de eclipsar un evento de gran importancia nacional. El funeral, que se lleva a cabo en Irak, ha convocado a miles de seguidores, intensificando aún más el simbolismo de los eventos.
Las recientes hostilidades han empeorado las ya tensas relaciones entre Teherán y Washington, con un patrón de ataques iraníes contra buques comerciales y bombardeos estadounidenses a instalaciones militares iraníes. Este ciclo de violencia tiene lugar en el estratégico estrecho de Ormuz, una ruta esencial para el comercio global de petróleo y gas, donde ha habido un aumento en la actividad militar desde que Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva contra la República Islámica hace varias semanas. La situación en la región sigue siendo frágil y requiere una atención internacional urgente.






